2.27.2008

Pedacito de carta cortesía de la gran Shoshana, que guarda cartas como muchos de nosotros. Palabras del novio de su adolescencia, que vestía de esqueleto rosado y jeans del mismo tono e insertaba palabritas en latín aquí-y-allá, en la última de sus cartas, híbrido entre misiva amor y nota de despedida. La memoria, aparato un poco enclenque, siempre al borde de quedar obsoleto, con su cajoncito rotulado "Dolor", donde se archivan, se embuten, dolores, obvios y sutiles. El papel con caligrafía, documento material del dolor de la memoria, se guarda en cajones más concretos.
1.06.2008
¿Y dónde, aquella gotera?
"sobre escribir, ah," - escribió Gustavo a J. un día como si antes de conocerme ya estuviera lanzándome un consejo-
"yo atiendo también al medium inside,
pero es improbable,
pero si uno está como atado al timón y escribe y escribe pavadas y pavadas, de repente una gotera inside filtra un chiflete y sale algo que tiene un valor formidable durante el acto, y lo que queda se achicharra después, como la memoria erótica, y amarillea, y es como eso que decís de viajar y no traer fotos".
Yo busco la gotera esa, sí.
12.07.2007
For naturally ocurring nervous tension
Succiono dos plantas europeas en forma de gotitas contenidas en tarritos de vidrio. A veces inclusive echo más gotas de las recomendadas en las instrucciones de uso. Llamémoslo un superávit de fé. La promesa de cada una:
- Castana sativa: brings optimism and peace of mind when anguish overwhlems you and you can find no way out.
- Carpinus betulus: restores energy when you are mentally weary, procrastinate and doubt your ability to face the task ahead.
11.26.2007
11.20.2007
El tour
"Love is like a drummer on tour" oi a un viejo alemán sentenciar anoche en un bar oscuro. Tanto el lúcido alemán, que antaño fue titiritero, como el camión bogotano de la foto, (como moi-meme), sabemos qué es estar "on tour" (on tour, autour, auteur, autor, atar, otear, tornar, retornar, entorno, y otras que suenan parecido como torturar, torear, bla bla bla que también tendrían que ver con el destino de querer).
11.15.2007
BRUISED BUT NOT BROKEN (o el profeta milenario me describe)
La iglesia bautista cerca de mi hogar de paso de Brooklyn ostentaba orgullosa un aviso con esas palabras sobre luz de neón y borde azul la semana en que cumplí 30 años. Las dijo uno de esos profetas-poetas del antiguo testamento, pero se me olvidó su nombre. Cuando quise tomarle una foto al aviso, ya lo habían cambiado por uno sobre Jesus bastante explícito y poco poético que nada tenía que ver conmigo. Pero al menos honremos al profeta citándolo.
Casi entro a la iglesia bautista tras toparme día a día con el genial aviso que traduciría como "magullada-pero-no-destartalada". Pero la timidez me venció y esa aversión a las iglesias cuando están funcionamiento que me ataca desde hace décadas. Entonces agradecí silenciosamente a la congregación bautista del barrio y a su profeta inspirador por haber capturado tan bien, de forma tan exacta, mi sentimiento recién cumplido el raro-raro número 30.
La iglesia bautista cerca de mi hogar de paso de Brooklyn ostentaba orgullosa un aviso con esas palabras sobre luz de neón y borde azul la semana en que cumplí 30 años. Las dijo uno de esos profetas-poetas del antiguo testamento, pero se me olvidó su nombre. Cuando quise tomarle una foto al aviso, ya lo habían cambiado por uno sobre Jesus bastante explícito y poco poético que nada tenía que ver conmigo. Pero al menos honremos al profeta citándolo.
Casi entro a la iglesia bautista tras toparme día a día con el genial aviso que traduciría como "magullada-pero-no-destartalada". Pero la timidez me venció y esa aversión a las iglesias cuando están funcionamiento que me ataca desde hace décadas. Entonces agradecí silenciosamente a la congregación bautista del barrio y a su profeta inspirador por haber capturado tan bien, de forma tan exacta, mi sentimiento recién cumplido el raro-raro número 30.
9.24.2007

Ya regresaré
Así me dijo Gustavo una vez que le pregunté por qué no escribía en su blog, como aquel último lector, ahora famoso, que me preguntó a mí el otro día lo mismo. Yo amenacé esa vez a G con grabarle una canción de Pimpinela en su contestador, una con letra toda descarnada sobre la partida, o inclusive una inventada por mí que tuviera las palabras:
vuelveeeeeeeeeeeee/que me haces pedazos/ que tu ausencia me mata... Le advertí que se la cantaría con destiemple y todo. El me respondió:
[18:34:33] gpesoa: ya regresarÈ
Supongo que ando en parecidas ásperas laderas y algún día tendré algo que escribir. Mientras tanto, comparto la foto del descubrimiento brilloso de mi último lector (tomada por él) que me reclama escritura: en una diminuta piedrita de ámbar encontró el único fósil de una orquídea que se conoce. El polen de la orquídea resguarda el lomo de una abeja, también diminuta, dentro de una piedra-también-fósil de antigua resina de árbol prehistírico. Una abeja con su polen fino de 20 millones de años, sepultada en el brillo del ambar.
Seguro de la colmena la mandaron por algo más y se quedó atrapada en la resina del árbol - me dijo mi lector refiriéndose a su fósil de millones de años.
¿Qué puedo yo escribir ante semejante historia prehistórica? Me quedo sin historias y me queda sólo reportarla. Y me queda copiárme de Gustavo cuando me decía
ya regresarÈ
6.30.2007
De turista me topé con esta flecha

Dice Derrida leyendo a Levinas:
"el anfitrión que recibe (host), el que acoge al huéspued invitado o recibido (guest), el anfitrión que acoge, que se cree propietario de los lugares, es en verdad un huésped reicbido en su propia casa. Recibe la hospitalidad que ofrece en su propia casa, la recibe de su propia casa —que en el fondo no le pertenece. El anfitrión como host es un guest. La morada se abre a sí misma, a su “esencia” sin esenca, como “tierra de asilo”. El que acoge es primeramente acogido en su casa. El que invita es invitado po su invitado. El que recibe es recibido, recibe la hospitalidad en lo que tiene por casa propia, incluso, sobre su propia tierra(..)"
Dice Derrida leyendo a Levinas:
"el anfitrión que recibe (host), el que acoge al huéspued invitado o recibido (guest), el anfitrión que acoge, que se cree propietario de los lugares, es en verdad un huésped reicbido en su propia casa. Recibe la hospitalidad que ofrece en su propia casa, la recibe de su propia casa —que en el fondo no le pertenece. El anfitrión como host es un guest. La morada se abre a sí misma, a su “esencia” sin esenca, como “tierra de asilo”. El que acoge es primeramente acogido en su casa. El que invita es invitado po su invitado. El que recibe es recibido, recibe la hospitalidad en lo que tiene por casa propia, incluso, sobre su propia tierra(..)"
6.19.2007
"Atrás de la reja"
En las últimas semanas recorrí dos lugares muy locales, muy importantes en el presente colombiano, similares no sólo porque miles de personas los habitan/recorren bajo los rigores de reglas burocráticas, no sólo porque ambos edificios-fortaleza que los componen marquen su entrada con rejas, requisas y sellos, sino porque ambos tienen que ver con narcos, narquitos, mulas, leyes y su rompimiento, oficiales que dictaminan, permisos de entradas, de salidas y con la literatura (quién fuera a pensarlo). De hecho, algunos que entran a un lugar luego terminan en el otro y vice versa. Como yo.
1. Estuve, por segunda vez, en la Cárcel la Picota, donde dí clases a los internos que conforman el Club de Lectura. Me escucharon desde ideólogos de la guerrilla y narcos hasta ladroncitos de nimiedades. Fui a dar una clase sobre Borges. Pusieron tanta atención que cuando leímos "Funes el memorioso" en voz alta, debajo del árbol de durazno del patiecito destartalado que circunda a la biblioteca, debieron notar mi incomodidad al pronunciar las palabras del narrador del cuento cuando ve a Funes, aquel personaje de prodigiosa memoria: "Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero". A mi entrada a la cárcel detallé dos pajaritos amarillos nunca antes vistos por los fríos sabaneros: eran tropicales, ruidosos, gigantescamente amarillo oro. Recorrían los pocos árboles a la entrada de la cárcel dando brincos. Qué diferencia con Funes, tullido en su cuarto enrejado, o con los internos enrejados también entre los corredores húmedos que bordean los patios-ciudadelas de esa cárcel.
Será el calentamiento global, pensé, lo que trae a estos pájaros dignos del Caribe a estas partes andinas. Me encantó verlos tan ligeros ahí, al lado del muro gigante y podrido de la cárcel. Calentamiento que también tiene que ver con la cárcel porque los narcos, narquitos, guerrilleros y otros que la ocupan tienen algo que ver con la deforestación salvaje de todo bosque en donde se siembra la coca que los gringos se olfatean extasiados. Lo que me lleva al segundo sitio que visité en este mes: la embajada gringa, donde se administran los permisos para que algunos viajemos, para que otros sean arrestados por cargar la cocaína culpable de que los pájaros amarillos de otra zona terminen visitando la húmeda carcel bogotana (ninguem merece, como dicen los cariocas), de donde salen los permisos para que otros sean procesados en extradición por comercializar la pasta blanca y otros sean notificados de que no pueden ir porque les parecen potenciales transportadores de coca o inmigrantes ilegales, que, bajo su criterio, es la misma cosa.
2. En ese panóptico de alta tecnología que es la embajada gringa (porque los gringos sí tienen plata para blindar y demás en cambio en Colombia los narcos no pagan impuestos) los funcionarios están entrenados a hacerle preguntas a los "sospechosos" que les piden un permisito para entrar a su país, es decir a todos nosotros. Lo que me lleva de nuevo al tema de la literatura, esa "cosa" que fui a enseñar a la cárcel y que es la razón por la cual debía renovar mi visa de estudiante de literatura, visa que me permitiría terminar mi tesis sobre, entre otras, la narcoliteratura.
En la cárcel la huella digital la toma una funcionaria policial que, con nalga aplastada sobre un taburete, abre un libro y le apreta el dedo a uno contra una página húmeda y sucia. En la embajada uno va frente a una máquina que revela las liniecitas de ambos dedos en un computador gringo, archivo digital del Homeland Security. Luego un funcionario, que en su tiempo libre debe añorar los sports bars de Oklahoma y los veranos extra calientes producidos por el calentamiento, me llama a su ventanilla blindada y tan gruesa que uno debe comunicarse con él por un teléfono (la analogía, en el caso de la cárcel, serían los chalecos antibalas de los guardias). Me dice, después de cordial saludo:
¿What is literature?
Hmmm (risas nerviosas para no demostrarle que me parecía un idiota) well... hmmm, it's the production of texts and its study.... hmm....
So many years studying it and you don't know what it is?
Y después de pretender humillarme me anuncia que la visa está aprobada. "Next". Y entonces, gracias a él, puedo regresar a Estados Unidos. El día en que yo viaje probablemente agarren a alguien queriendo transportar las bolsitas blancas para saciar el afán periquero del yuppie citadino gringo que tan bien lo paga. Y él/ella terminará en la Cárcel. Y quién sabe, tal vez en unos años yo, como tengo visa para ir y volver, regrese a enseñar otro curso a los del Club de Lectura de la cárcel y esa persona, ya con visa revocada, esté allí. Habremos visitado los mismos sitios, de tan distinta manera, me gustaría pensar que cerrando un círculo. La diferencia: yo estudio esa cosa llamada literatura.
Nota final: Cuando le conté a JC mi conversación con el funcionario consular, él me escribió, imaginando su futura visita a la fortaleza norteamericana en busca de visa:
A mi me van a preguntar, si es que algún día lo hacen: "what is... nothing?" y yo responderé:"precisely, nothing is what i do" y luego de eso me darán la green card!
Y sí, yo también quiero la green card, para ir y venir y volver a la cárcel a donde mis amigos del Club de Lectura pudiéndome saltar la visita al bunker donde los gringos quieren decidir mi vida y me piden definiciones de lo desconocido detrás de (o frente a) blindajes, sutiles rejas.
En las últimas semanas recorrí dos lugares muy locales, muy importantes en el presente colombiano, similares no sólo porque miles de personas los habitan/recorren bajo los rigores de reglas burocráticas, no sólo porque ambos edificios-fortaleza que los componen marquen su entrada con rejas, requisas y sellos, sino porque ambos tienen que ver con narcos, narquitos, mulas, leyes y su rompimiento, oficiales que dictaminan, permisos de entradas, de salidas y con la literatura (quién fuera a pensarlo). De hecho, algunos que entran a un lugar luego terminan en el otro y vice versa. Como yo.
1. Estuve, por segunda vez, en la Cárcel la Picota, donde dí clases a los internos que conforman el Club de Lectura. Me escucharon desde ideólogos de la guerrilla y narcos hasta ladroncitos de nimiedades. Fui a dar una clase sobre Borges. Pusieron tanta atención que cuando leímos "Funes el memorioso" en voz alta, debajo del árbol de durazno del patiecito destartalado que circunda a la biblioteca, debieron notar mi incomodidad al pronunciar las palabras del narrador del cuento cuando ve a Funes, aquel personaje de prodigiosa memoria: "Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero". A mi entrada a la cárcel detallé dos pajaritos amarillos nunca antes vistos por los fríos sabaneros: eran tropicales, ruidosos, gigantescamente amarillo oro. Recorrían los pocos árboles a la entrada de la cárcel dando brincos. Qué diferencia con Funes, tullido en su cuarto enrejado, o con los internos enrejados también entre los corredores húmedos que bordean los patios-ciudadelas de esa cárcel.
Será el calentamiento global, pensé, lo que trae a estos pájaros dignos del Caribe a estas partes andinas. Me encantó verlos tan ligeros ahí, al lado del muro gigante y podrido de la cárcel. Calentamiento que también tiene que ver con la cárcel porque los narcos, narquitos, guerrilleros y otros que la ocupan tienen algo que ver con la deforestación salvaje de todo bosque en donde se siembra la coca que los gringos se olfatean extasiados. Lo que me lleva al segundo sitio que visité en este mes: la embajada gringa, donde se administran los permisos para que algunos viajemos, para que otros sean arrestados por cargar la cocaína culpable de que los pájaros amarillos de otra zona terminen visitando la húmeda carcel bogotana (ninguem merece, como dicen los cariocas), de donde salen los permisos para que otros sean procesados en extradición por comercializar la pasta blanca y otros sean notificados de que no pueden ir porque les parecen potenciales transportadores de coca o inmigrantes ilegales, que, bajo su criterio, es la misma cosa.
2. En ese panóptico de alta tecnología que es la embajada gringa (porque los gringos sí tienen plata para blindar y demás en cambio en Colombia los narcos no pagan impuestos) los funcionarios están entrenados a hacerle preguntas a los "sospechosos" que les piden un permisito para entrar a su país, es decir a todos nosotros. Lo que me lleva de nuevo al tema de la literatura, esa "cosa" que fui a enseñar a la cárcel y que es la razón por la cual debía renovar mi visa de estudiante de literatura, visa que me permitiría terminar mi tesis sobre, entre otras, la narcoliteratura.
En la cárcel la huella digital la toma una funcionaria policial que, con nalga aplastada sobre un taburete, abre un libro y le apreta el dedo a uno contra una página húmeda y sucia. En la embajada uno va frente a una máquina que revela las liniecitas de ambos dedos en un computador gringo, archivo digital del Homeland Security. Luego un funcionario, que en su tiempo libre debe añorar los sports bars de Oklahoma y los veranos extra calientes producidos por el calentamiento, me llama a su ventanilla blindada y tan gruesa que uno debe comunicarse con él por un teléfono (la analogía, en el caso de la cárcel, serían los chalecos antibalas de los guardias). Me dice, después de cordial saludo:
¿What is literature?
Hmmm (risas nerviosas para no demostrarle que me parecía un idiota) well... hmmm, it's the production of texts and its study.... hmm....
So many years studying it and you don't know what it is?
Y después de pretender humillarme me anuncia que la visa está aprobada. "Next". Y entonces, gracias a él, puedo regresar a Estados Unidos. El día en que yo viaje probablemente agarren a alguien queriendo transportar las bolsitas blancas para saciar el afán periquero del yuppie citadino gringo que tan bien lo paga. Y él/ella terminará en la Cárcel. Y quién sabe, tal vez en unos años yo, como tengo visa para ir y volver, regrese a enseñar otro curso a los del Club de Lectura de la cárcel y esa persona, ya con visa revocada, esté allí. Habremos visitado los mismos sitios, de tan distinta manera, me gustaría pensar que cerrando un círculo. La diferencia: yo estudio esa cosa llamada literatura.
Nota final: Cuando le conté a JC mi conversación con el funcionario consular, él me escribió, imaginando su futura visita a la fortaleza norteamericana en busca de visa:
A mi me van a preguntar, si es que algún día lo hacen: "what is... nothing?" y yo responderé:"precisely, nothing is what i do" y luego de eso me darán la green card!
Y sí, yo también quiero la green card, para ir y venir y volver a la cárcel a donde mis amigos del Club de Lectura pudiéndome saltar la visita al bunker donde los gringos quieren decidir mi vida y me piden definiciones de lo desconocido detrás de (o frente a) blindajes, sutiles rejas.
5.26.2007
Estito, el relojito 
En Perú encontré los diminutivos más bonitos: estito, allacito, cositas así. Encontré también, sin buscarlo, un parásito horrible que anidó en mi intestino. Oh vida no simbiótica.
Luego regresé a Bogotá y la pulga que había agarrado en una sala de conferencias de la capital y que pensé que había muerto con mi viaje en avión y después la caminada a pie por días y días en los Andes más altos, me había esperado, con lealtad de minutero. Ayunó y todo por mí. Y ahora, en lo que podría verse como una verdadera comunión parasitaria panlantina, los dos parásitos, de dos Andes distintísimos, controlan mi vida. Pero no mi corazón.
En Bogotá hay una exposición de diccionarios y copié de ahí algunas de las palabras que en este país usan para CORAZÓN (la foto es de un dibujo de corazón en una vasija precolombina del Perú):
pendula
distribuidor
colazó
pepa
mango
minutero
relojito
cucharón
bomba
amador
puro
En Perú encontré los diminutivos más bonitos: estito, allacito, cositas así. Encontré también, sin buscarlo, un parásito horrible que anidó en mi intestino. Oh vida no simbiótica.
Luego regresé a Bogotá y la pulga que había agarrado en una sala de conferencias de la capital y que pensé que había muerto con mi viaje en avión y después la caminada a pie por días y días en los Andes más altos, me había esperado, con lealtad de minutero. Ayunó y todo por mí. Y ahora, en lo que podría verse como una verdadera comunión parasitaria panlantina, los dos parásitos, de dos Andes distintísimos, controlan mi vida. Pero no mi corazón.
En Bogotá hay una exposición de diccionarios y copié de ahí algunas de las palabras que en este país usan para CORAZÓN (la foto es de un dibujo de corazón en una vasija precolombina del Perú):
pendula
distribuidor
colazó
pepa
mango
minutero
relojito
cucharón
bomba
amador
puro
4.26.2007
je ne sais rien de tout cela
Pocas veces se ven los picos del Sicuara así de despejados, así de claritos. Yo a Gustavo, que hoy hace dos años nos dejó en NY sin que alcanzaramos a llegar a acompañarlo, le conté del Sicuara una vez, de la presencia casi sagrada (cuando tan poco lo es). Y él con sus ohs. Le prometí que un día le mostraría los picos que siempre tienen nubes gigantes, infladísimas, sobre ellos y que poco se nos revelan. Hace unos días lo hicieron, mientras llovía encima mío y yo lo evoqué, aunque él nunca los conoció. Me gustaría pensar que esto fue una catacresis, algo más complejo que el recuerdo. El recuerdo del que se-nos-fue siempre queda como tan cotidiano. Aquí van los picos, dos años después de que G nos dejó, tomados a mil desde la lluvia, los truenos que pensé me chamuscarían y desde lo alto. Para recordarlo, a G, a falta de mi visita ritual al parquecito de debajo del Brooklyn Bridge donde lo he pensado a ratos, también en su ausencia.
4.14.2007
Es la flor del balazo

“Y alrededor doliendo todo, un poco. Las cosas estaban hechas de carne con neuralgia.” (Devaneo y embriaguez de una muchacha, Clarice Lispector)
Las punzadas estomacales que me doblan en dos a cada rato ¿serán la "carne con neuralgia" de la semana que pasó porque hube de encontrarme en el campo una flor de Balazo en pleno momento de dura plenitud bello-bella, hermafrodito, y con mucha culpa la corté y la traje para verle ennegrecer la tela curvosa hasta quedar del olor del hollín de la Carrera séptima?
Hube también, o mejor, tuve, que explicar a los apáticos post-adolescentes, a quien cometo el error de enseñar, por qué eran subversivos los momentos epifánicos de los cuentos de Clarice Lispector (uno de ellos sucede cuando una damita frágil, recién llegada del hospital psiquiátrico, entra en pánico lindo por una flor) mientras pensaba que esos dilettantes narcisistas nunca podrán tener el momentito de exceso explosivo y sin embargo citarán a Bataille en el futuro para dárselas de leídos. Y todo por mi culpa.
Me atacarán las punzadas dolorosas también porque hube de ir a la gigantesca cárcel de la Picota a ayudar a unos presos a hacer un club de lectura y ellos, más que por ansias de leer, estaban contentos de ver a una mujercita como yo sentada a su lado, dándoselas de mujer en control tras ver la insistencia con que los avisos reproducidos en paredes de corredores y patios de la cárcel decían:
Su dignidad humana y la mía son inviolables.
Sí claro, ajá, me repetía yo al ver cada nuevo aviso mientras me llevaban a la bibiotequita de la cárcel donde había libros entre un carrito de mercado con títulos como La Colombia moderna (1950), Le francais dans le monde aujourd'hui (1967), El desarrollo de la economía manufacturera colombiana (1970), y otros más así que le ofrecen a los presos para que "lean", de patio en patio, desde un carrito de mercado.
Pues mientras todo eso la flor se me marchitó, tal vez no le puse la suficiente atención a su dureza espléndida, a su gigantez prehistórica que pensé duraría semanas, pero aquí la dejamos inmortalizada porque su dignidad humana y la mía supuestamente son inviolables.
“Y alrededor doliendo todo, un poco. Las cosas estaban hechas de carne con neuralgia.” (Devaneo y embriaguez de una muchacha, Clarice Lispector)
Las punzadas estomacales que me doblan en dos a cada rato ¿serán la "carne con neuralgia" de la semana que pasó porque hube de encontrarme en el campo una flor de Balazo en pleno momento de dura plenitud bello-bella, hermafrodito, y con mucha culpa la corté y la traje para verle ennegrecer la tela curvosa hasta quedar del olor del hollín de la Carrera séptima?
Hube también, o mejor, tuve, que explicar a los apáticos post-adolescentes, a quien cometo el error de enseñar, por qué eran subversivos los momentos epifánicos de los cuentos de Clarice Lispector (uno de ellos sucede cuando una damita frágil, recién llegada del hospital psiquiátrico, entra en pánico lindo por una flor) mientras pensaba que esos dilettantes narcisistas nunca podrán tener el momentito de exceso explosivo y sin embargo citarán a Bataille en el futuro para dárselas de leídos. Y todo por mi culpa.
Me atacarán las punzadas dolorosas también porque hube de ir a la gigantesca cárcel de la Picota a ayudar a unos presos a hacer un club de lectura y ellos, más que por ansias de leer, estaban contentos de ver a una mujercita como yo sentada a su lado, dándoselas de mujer en control tras ver la insistencia con que los avisos reproducidos en paredes de corredores y patios de la cárcel decían:
Su dignidad humana y la mía son inviolables.
Sí claro, ajá, me repetía yo al ver cada nuevo aviso mientras me llevaban a la bibiotequita de la cárcel donde había libros entre un carrito de mercado con títulos como La Colombia moderna (1950), Le francais dans le monde aujourd'hui (1967), El desarrollo de la economía manufacturera colombiana (1970), y otros más así que le ofrecen a los presos para que "lean", de patio en patio, desde un carrito de mercado.
Pues mientras todo eso la flor se me marchitó, tal vez no le puse la suficiente atención a su dureza espléndida, a su gigantez prehistórica que pensé duraría semanas, pero aquí la dejamos inmortalizada porque su dignidad humana y la mía supuestamente son inviolables.
4.09.2007
3.13.2007
La cura
El Doctor Chi sostiene el más alto rango del Kung Fu y el conocimiento más detallado de los puntitos invisibles que recorren al cuerpo esperando ser penetrados por agujas de acupuntura. Lo aprendió de sus maestros en el centro de la China, cerca de Shangai, en un pueblo de
3000 años de historia
me dice con su acento chino como para refregarme que Bogotá no es nada, que realmente no sabe lo que hace ahí y que lleva 15 años cobrándole lo mismo a los bogotanos que tienen problemas de vísceras (muchos problemas de colon los colombianos, me dice, cuando yo le comento mi cuita gastrointestinal), a pesar de que el dólar sube y las agujitas que trae directamente de la China cada día se ponen más caras.
Oigo las descripciones sintomatológicas múltiples de todos los clientes a los que va acostando en camitas de sábanas un poco raídas divididas por compartimientos de madera barata, mientras soporto con gran encanto la contundencia de esas agujas que me rozan el intestino, la víscera de las vísceras, la reina de los reinos. Sesión tras sesión descubro que padezco del curioso interés sadomasoquista de que las agujitas penetren dolorosamente mi culebra intestinal de forma tan contundente y tan concreta. Se le agradece al doctor Chi hacerme evidente la rasquiña de lo visceral, permitirme leer mi existencia momentánea desde lo que siente el intestino hoy, saber si los días han estado buenos o malos desde el corrientazo sutil que pasa por el codo cuando me clava la agujita ahí.
20 minutos después de la invasión metálica inicial el doctor Chi regresa al compartimiento de cada chuzado y comienza a darles vueltitas a sus armitas y pregunta
¿corriente?
Uno oye los aus de cada paciente cuando el sabio entra a enroscarle más las agujitas. También oye uno las historias del doctor Chi que le va contando a un cliente y le sigue al otro, porque los compartimientos tienen agrietado techo común y uno va entendiendo que, así como todos venimos por las mismas agujas, todos compartimos sus historias cuando está de buen genio y quiere hablar.
Ayer el Doctor Chi comenzó a contarle a un cliente que está poniendo un alambre de púas contra los ladrones. Luego pasó a mi compartimiento y continuó la historia:
porque ladrones gusta venir aquí
vienen muchos
yo espero una noche y veo al ladrón entrar
le prendo la luz le digo
puedo llamar a la policía
y el me dice que no
tranquilo y se va antes de yo llamar.
Yo soy nivel más alto de Kung Fu
medito por la noche y espero al ladrón
Soy experto en Kung fu, tengo 65 años.
Le pregunto si usa el kung fu contra el ladrón bogotano que se raspa subiendo tapia y es experto en chuzar puertas. Imagino una saga de cómics entre el ratero criollo que busca televisiones y electrodomésticos y el gran acupunturista y maestro que viene de una ciudad de 3000 años. El ratero topándose con agujitas guardadas en servilletas con el nombre de cada paciente bogotano y su sintomatología en chino, desilusionado.
Yo no usar kung fu con ladrón
porque ellos son pobres
tienen hambre
entonces yo tengo huerta de verduras chinas
digo ladrón coja cosas de huerta
si quiere robar
ahí comida en mi huerta
Y el ladron solo va y hace popó en mi huerta
El Dr chi se muere de la risa al decir esto mientras me saca las agujas del intestino, máquina de lo abyecto, y me pone algodón con alcohol que saca de un bolsillo.
Le agradezco al Dr Chi por se el genio de las vísceras y por saber Kung Fu. Antes de irme me dice
Usted tiene mucha energía
No es casada ¿verdad?
ahh soltera señorita
ahhhh, por eso es que tiene mucha energía.
Todo un sabio de pueblo milenario, digno de novela orientalista de antaño o de exotista película de Hollywood de los años cincuentas. El dr Chi llena de exotismo mis días y cura la viscera exótica y todo por poca plata (porque en el tercer mundo nada se paga bien, ni enseñar, ni curar, ni nada).
El Doctor Chi sostiene el más alto rango del Kung Fu y el conocimiento más detallado de los puntitos invisibles que recorren al cuerpo esperando ser penetrados por agujas de acupuntura. Lo aprendió de sus maestros en el centro de la China, cerca de Shangai, en un pueblo de
3000 años de historia
me dice con su acento chino como para refregarme que Bogotá no es nada, que realmente no sabe lo que hace ahí y que lleva 15 años cobrándole lo mismo a los bogotanos que tienen problemas de vísceras (muchos problemas de colon los colombianos, me dice, cuando yo le comento mi cuita gastrointestinal), a pesar de que el dólar sube y las agujitas que trae directamente de la China cada día se ponen más caras.
Oigo las descripciones sintomatológicas múltiples de todos los clientes a los que va acostando en camitas de sábanas un poco raídas divididas por compartimientos de madera barata, mientras soporto con gran encanto la contundencia de esas agujas que me rozan el intestino, la víscera de las vísceras, la reina de los reinos. Sesión tras sesión descubro que padezco del curioso interés sadomasoquista de que las agujitas penetren dolorosamente mi culebra intestinal de forma tan contundente y tan concreta. Se le agradece al doctor Chi hacerme evidente la rasquiña de lo visceral, permitirme leer mi existencia momentánea desde lo que siente el intestino hoy, saber si los días han estado buenos o malos desde el corrientazo sutil que pasa por el codo cuando me clava la agujita ahí.
20 minutos después de la invasión metálica inicial el doctor Chi regresa al compartimiento de cada chuzado y comienza a darles vueltitas a sus armitas y pregunta
¿corriente?
Uno oye los aus de cada paciente cuando el sabio entra a enroscarle más las agujitas. También oye uno las historias del doctor Chi que le va contando a un cliente y le sigue al otro, porque los compartimientos tienen agrietado techo común y uno va entendiendo que, así como todos venimos por las mismas agujas, todos compartimos sus historias cuando está de buen genio y quiere hablar.
Ayer el Doctor Chi comenzó a contarle a un cliente que está poniendo un alambre de púas contra los ladrones. Luego pasó a mi compartimiento y continuó la historia:
porque ladrones gusta venir aquí
vienen muchos
yo espero una noche y veo al ladrón entrar
le prendo la luz le digo
puedo llamar a la policía
y el me dice que no
tranquilo y se va antes de yo llamar.
Yo soy nivel más alto de Kung Fu
medito por la noche y espero al ladrón
Soy experto en Kung fu, tengo 65 años.
Le pregunto si usa el kung fu contra el ladrón bogotano que se raspa subiendo tapia y es experto en chuzar puertas. Imagino una saga de cómics entre el ratero criollo que busca televisiones y electrodomésticos y el gran acupunturista y maestro que viene de una ciudad de 3000 años. El ratero topándose con agujitas guardadas en servilletas con el nombre de cada paciente bogotano y su sintomatología en chino, desilusionado.
Yo no usar kung fu con ladrón
porque ellos son pobres
tienen hambre
entonces yo tengo huerta de verduras chinas
digo ladrón coja cosas de huerta
si quiere robar
ahí comida en mi huerta
Y el ladron solo va y hace popó en mi huerta
El Dr chi se muere de la risa al decir esto mientras me saca las agujas del intestino, máquina de lo abyecto, y me pone algodón con alcohol que saca de un bolsillo.
Le agradezco al Dr Chi por se el genio de las vísceras y por saber Kung Fu. Antes de irme me dice
Usted tiene mucha energía
No es casada ¿verdad?
ahh soltera señorita
ahhhh, por eso es que tiene mucha energía.
Todo un sabio de pueblo milenario, digno de novela orientalista de antaño o de exotista película de Hollywood de los años cincuentas. El dr Chi llena de exotismo mis días y cura la viscera exótica y todo por poca plata (porque en el tercer mundo nada se paga bien, ni enseñar, ni curar, ni nada).
3.06.2007
Polite Marzipan
(Hoy recibí un correo de spam que se titulaba así y me encantó el título. Por primera vez le agradecí a un spammer por la breve iluminación estética. La foto, parte de la serie de palabras que me he encontrado por ahí marcando paredes, muros y cosas, cuadra perfectamente con el bello título de mi spammer poeta). El problema es que después de la iluminación spammística un un-polite idiot (ya quisiera él ser un masapán), estudiante bogotano escudado en el anonimato de desconocida dirección electrónica, se dispuso a insultarme via virtual. Usó, entre otras y para mi horror y la del spammer poeta, las palabras:
castración (aparentemente yo soy una mujer castradora, ¡oh fantasía decimonónica! como diría la gran Doris, las mujeres no quisieran castrar a ciertos hombres sino cortarles la cabeza)
la literatura es un mar (cuyas olas feroces aparentemente yo quiero contenter y manjer como una "dictadura")
cada uno es capitán de su propio rumbo (y yo como mujer castradora estoy aniquilando las oh egregias energías de este brillante poeta-literato)
Recibí esa y otro tipo de anónimas sandeces(palabra que nunca había usado sino hasta hoy y que me hace sentirme como superheroína de monos animados de mi infancia ochentera. Hoy era el día para usarla: sandeces castradas).
Y como estamos hablando de lenguaje, deberíamos todos irnos a vivir a un pueblo de Boyacá que se llama Pajarito (qué lindo), que ni-idea dónde quedará, invitar al spammer poético, oh rareza, y así dejar a los idiotas sandece-ar a su gusto en el anonimato adolescente. ¿Spammer, quieres venir conmigo? ¿Sí o no?
3.05.2007
Serie de palabras

Trust-distrust in language is already fetishism; it amounts to choosing a particular word in order to play on it with the delight and the malaise of the perversion that always assumes a straight, if hidden, usage. (Ya no me acuerdo de dónde lo saqué, de Barthes tal vez, si no estoy mal, sí, no sería raro que el mister hubiese hablado de tal). Continuará...

Trust-distrust in language is already fetishism; it amounts to choosing a particular word in order to play on it with the delight and the malaise of the perversion that always assumes a straight, if hidden, usage. (Ya no me acuerdo de dónde lo saqué, de Barthes tal vez, si no estoy mal, sí, no sería raro que el mister hubiese hablado de tal). Continuará...
2.07.2007
Morgue interrumpida y mi claro bigote
Nelly (la manicurista que co-protagoniza varios de mis inéditos cuentos) vino hoy a limarme los cascos, a cortarme los pellejos y arrancarme pelos. Mientras halaba el lienzo ("la gasa pura" como dice Rubén Darío) con cera para sacarme los pelos de las piernas Nelly me contó del día en que tuvo que ir a reconocer a su cuñado a la morgue porque Pablo Escobar había volado el avión en que iba con otras 200 personas. El avión cayó en una montaña cerca a Bogotá, a donde llegó todo el pueblo aledaño a saquear escombros, como es ya tradición por estas tierras. Nelly llegó al anfiteatro y fue de bolsa negra en bolsa negra registrando vísceras y pedacitos de cuerpos
una pierna por aquí, un pedazo de algo por allá
y finalmente se topó con uno de los pocos cuerpos que habían quedado enteros: era el de su cuñado. Pero lo reclamaban una señora y un niño (explica que todos iban en busca de un pedazo para que les pagaran un seguro) y entonces Nelly tuvo que pelear por su muerto. La señora halaba el cadáver (esto lo contaba Nelly mientras me halaba a mí el pelo de la ingle) y ella, amenazante y furiosa le decía
No me lo zarandee. Déjemelo quietico señora. Yo sé que es mi cuñado porque yo toda la vida le hice el manicure y yo me conozco esas manos.
Ya le habían robado hasta el anillo de matrimonio al muerto. Entonces en esas mi papá llamó y tuve que decirle
Un momentico Nelly
Mi papá, coleccionista aguerrido que ayer habló con la contadora y se puso hoy a averiguar qué objeto de su colección vendía (como bien lo dijo Benjamin, acto poco usual en un coleccionista que, nostálgico, despoja del objeto su valor de uso y de intercambio), me empezó a contar su nuevo hallazgo. Que tengo un disco de los Rolling Stones del 65 que nadie sabe que existe, que en ningun lugar aparece mencionado, que si me acordaba de que hace unos años pagaron miles de dólares por no-se-qué disco valiosísimo, que la discografía del grupo era tal y tal (con fechas), que nadie sabe de este y sus canciones no aparecen registradas, que una de ellas es de Chuck Berry porque los Rolling Stones cantaban canciones de jazzistas, que esto puede ser valiosísimo....
Entonces lo mandé a investigar más.
Deja de especular papá, averigua más bien.
Que es, en otro contexto, lo que tuvo que hacer la pobre Nelly el día que oyó en el radió que había caído el avión en el que iba su cuñado. Y le colgue con politesse. Entonces Nelly siguió su historia. Y tuve que volver a decir
Un momentico Nelly
Mi mamá llamó, desde donde está de viaje, a averiguar el nombre de una crema que quería comprar pero cuyo nombre no recordaba. Nelly siguió su historia. Ya iba por los pelos de mi claro pero contundente bigote.
Y siguieron las llamadas por un lado y por el otro, las de mi papá, sobre todo, con más hallazgos sobre el disco de los Rolling Stones grabado en el teatro Olimpia de París y Nelly acabó su histora, enrolló los lienzos llenos de cera y pelos y me los dio para botar. Se despidió, y yo somaticé la mezcla en un ligero dolorcito de cabeza.
Nelly (la manicurista que co-protagoniza varios de mis inéditos cuentos) vino hoy a limarme los cascos, a cortarme los pellejos y arrancarme pelos. Mientras halaba el lienzo ("la gasa pura" como dice Rubén Darío) con cera para sacarme los pelos de las piernas Nelly me contó del día en que tuvo que ir a reconocer a su cuñado a la morgue porque Pablo Escobar había volado el avión en que iba con otras 200 personas. El avión cayó en una montaña cerca a Bogotá, a donde llegó todo el pueblo aledaño a saquear escombros, como es ya tradición por estas tierras. Nelly llegó al anfiteatro y fue de bolsa negra en bolsa negra registrando vísceras y pedacitos de cuerpos
una pierna por aquí, un pedazo de algo por allá
y finalmente se topó con uno de los pocos cuerpos que habían quedado enteros: era el de su cuñado. Pero lo reclamaban una señora y un niño (explica que todos iban en busca de un pedazo para que les pagaran un seguro) y entonces Nelly tuvo que pelear por su muerto. La señora halaba el cadáver (esto lo contaba Nelly mientras me halaba a mí el pelo de la ingle) y ella, amenazante y furiosa le decía
No me lo zarandee. Déjemelo quietico señora. Yo sé que es mi cuñado porque yo toda la vida le hice el manicure y yo me conozco esas manos.
Ya le habían robado hasta el anillo de matrimonio al muerto. Entonces en esas mi papá llamó y tuve que decirle
Un momentico Nelly
Mi papá, coleccionista aguerrido que ayer habló con la contadora y se puso hoy a averiguar qué objeto de su colección vendía (como bien lo dijo Benjamin, acto poco usual en un coleccionista que, nostálgico, despoja del objeto su valor de uso y de intercambio), me empezó a contar su nuevo hallazgo. Que tengo un disco de los Rolling Stones del 65 que nadie sabe que existe, que en ningun lugar aparece mencionado, que si me acordaba de que hace unos años pagaron miles de dólares por no-se-qué disco valiosísimo, que la discografía del grupo era tal y tal (con fechas), que nadie sabe de este y sus canciones no aparecen registradas, que una de ellas es de Chuck Berry porque los Rolling Stones cantaban canciones de jazzistas, que esto puede ser valiosísimo....
Entonces lo mandé a investigar más.
Deja de especular papá, averigua más bien.
Que es, en otro contexto, lo que tuvo que hacer la pobre Nelly el día que oyó en el radió que había caído el avión en el que iba su cuñado. Y le colgue con politesse. Entonces Nelly siguió su historia. Y tuve que volver a decir
Un momentico Nelly
Mi mamá llamó, desde donde está de viaje, a averiguar el nombre de una crema que quería comprar pero cuyo nombre no recordaba. Nelly siguió su historia. Ya iba por los pelos de mi claro pero contundente bigote.
Y siguieron las llamadas por un lado y por el otro, las de mi papá, sobre todo, con más hallazgos sobre el disco de los Rolling Stones grabado en el teatro Olimpia de París y Nelly acabó su histora, enrolló los lienzos llenos de cera y pelos y me los dio para botar. Se despidió, y yo somaticé la mezcla en un ligero dolorcito de cabeza.
2.06.2007
Potato Blues
Pueden ser
las papas
en demasía
las que
oclusionan
estos ejercicios
de escritura
de-todas-formas
chandosos.
O el calentamiento
(Bogotá es sólo calores,
habrá que comer mucha papa
antes de que deje de producirse
en el altiplano
y sólo nos den plátano
precoz)
u otras.
1.11.2007
Sentadita
Remembrance, like Rembrandt, is dark but festive. Remembered ones dress up for the occasion and sit still. Memory is a photostudio de luxe on an infinite Fifth Power Avenue.
Nabokov, en Ada or Ardor.
12.07.2006
Asimetrías lumínico-traumáticas
En mis lecturas encontré el veredicto de mi estado del mes:
The term "traumatic" has no other sense than an economic one. We apply it to an experience which within a short period of time presents the mind with an increase of stimulus too powerful to be dealt with or worked off in the normal way, and this may result in permanent disturbances of the manner in which energy operates.
Sigmund Freud, Introductory Lectures in Psycho-Analysis.
He aquí un catálogo reducido del asunto del incremento de los estímulos que me tiene enloquecida (el video es testimonio -y es bueno que el traumatizado intente dar testimonio- del horror que soporto frente a mi casa y es suave a comparación de lo que se alcanza a ver en esta ciudad de obsesos):
Luces de todos los colores en los lugares más innecesarios, incluída simulación de luz de discoteca estallando sobre paredes de edificios de corporaciones, bombardeo de cancioncitas con voz de niño enfermizo en cada supermercado a donde una va a comprarse el tamarindo, animación de copos de nieve cayendo detrás del presentador de las noticias mientras se anuncia que hay otro político aliado con los narcoparamilitares, coros navideños al comienzo y al final del noticiero, justo antes de la noticia de que unos médicos forenses amenazados encontraron otra fosa común, menú navideño cuando uno mira la carta de un restaurante con títulos como "crepe nacimiento" y cosas por el estilo.
Lo que es más molesto, ya después de que uno ha decidido evadir los mercados, no mirar el noticiero, no entrar a ningún restaurante, es que la ciudad entera, en todas sus ventanas, está forrada de luces de todo tipo que titilean [sic] con furia, que simulan animalejos o figuras que no entiendo, y que no tienen simetría alguna. No estoy hablando de la refrescante asimetría estética, no, me refiero a una asimetría que corrobora lo rancio y lo tradicional y nos enloquece al resto. Estoy hablando de unas hileras de luces que se prenden y se apagan sin orden alguno, al lado de otras que siempre están prendidas, al lado de otras que se dañaron, al lado de otra hilera que sólo llenó parte de la copa de un arbol igualmente horrendo. Estoy hablando de ventanas forradas de afiches de papás noeles y monos de nieve con bufanda. Y entonces yo voy enloqueciendo, día por día, a medida que las luces titilean por todas partes, sin que haya un lugar que se libre de semejante desorden común y horroroso. Busco la manera de irme de aquí. Y luego Freud corrobora mi síntoma. Al menos el experto me entiende.
En mis lecturas encontré el veredicto de mi estado del mes:
The term "traumatic" has no other sense than an economic one. We apply it to an experience which within a short period of time presents the mind with an increase of stimulus too powerful to be dealt with or worked off in the normal way, and this may result in permanent disturbances of the manner in which energy operates.
Sigmund Freud, Introductory Lectures in Psycho-Analysis.
He aquí un catálogo reducido del asunto del incremento de los estímulos que me tiene enloquecida (el video es testimonio -y es bueno que el traumatizado intente dar testimonio- del horror que soporto frente a mi casa y es suave a comparación de lo que se alcanza a ver en esta ciudad de obsesos):
Luces de todos los colores en los lugares más innecesarios, incluída simulación de luz de discoteca estallando sobre paredes de edificios de corporaciones, bombardeo de cancioncitas con voz de niño enfermizo en cada supermercado a donde una va a comprarse el tamarindo, animación de copos de nieve cayendo detrás del presentador de las noticias mientras se anuncia que hay otro político aliado con los narcoparamilitares, coros navideños al comienzo y al final del noticiero, justo antes de la noticia de que unos médicos forenses amenazados encontraron otra fosa común, menú navideño cuando uno mira la carta de un restaurante con títulos como "crepe nacimiento" y cosas por el estilo.
Lo que es más molesto, ya después de que uno ha decidido evadir los mercados, no mirar el noticiero, no entrar a ningún restaurante, es que la ciudad entera, en todas sus ventanas, está forrada de luces de todo tipo que titilean [sic] con furia, que simulan animalejos o figuras que no entiendo, y que no tienen simetría alguna. No estoy hablando de la refrescante asimetría estética, no, me refiero a una asimetría que corrobora lo rancio y lo tradicional y nos enloquece al resto. Estoy hablando de unas hileras de luces que se prenden y se apagan sin orden alguno, al lado de otras que siempre están prendidas, al lado de otras que se dañaron, al lado de otra hilera que sólo llenó parte de la copa de un arbol igualmente horrendo. Estoy hablando de ventanas forradas de afiches de papás noeles y monos de nieve con bufanda. Y entonces yo voy enloqueciendo, día por día, a medida que las luces titilean por todas partes, sin que haya un lugar que se libre de semejante desorden común y horroroso. Busco la manera de irme de aquí. Y luego Freud corrobora mi síntoma. Al menos el experto me entiende.

